top of page
20231129_153905864_iOS.heic
“Vivía con el miedo constante de que si no estaba pendiente de lo que me tocaba hacer me mataban” 
Autora: Sofía Téllez
Foto: Sofía Téllez

Bajando un cartón que usa de ventana, Pedro Antonio Montes saluda mientras se escucha una bolsa de plástico salir de algún rincón de la camioneta chatarra. Mete la mano y empieza a comer del contenido de dicha bolsa negra, levanta su mirada, recuerda la entrevista y se disculpa guardando nuevamente la bolsa, se acomoda y empieza la entrevista

- ¿Cómo terminó en el Bronx? 

“Yo terminé en el Bronx por las drogas, primero estuve en El Cartucho y de allá llegué acá al Bronx. Empecé vendiendo cigarrillos y luego terminé siendo campanero. El cargo de campanero era no dejar entrar a la Policía y estar siempre pendiente porque si uno se descuidaba, ya sabía que lo mataban. Si usted no estaba pendiente de que no se metiera la Policía, eso era muerte para uno” 

El Bronx ha sido un punto de referencia en la historia de Bogotá, un lugar que representó desafíos sociales y transformaciones significativas. Para los habitantes de Bogotá, el nombre evoca una mezcla de adversidad y resiliencia. Pero ¿qué es de la vida de las personas que habitaban allí? 

Esta historia viajará a través de la vida de Antonio, un hombre que alguna vez estuvo atrapado en las garras de las adicciones, danzando en los callejones oscuros de uno de los lugares más emblemáticos de Bogotá. Desde las calles polvorientas hasta los rincones más íntimos de su ser, Antonio relata su travesía desde la oscuridad hacia la luz. 

"Ahora mis preocupaciones son de pronto no conseguir que hacer para que me suelten algún billetico, pero gracias a Dios cada día encuentro a quien ayudar, aunque sea en lo más mínimo”

- ¿A comparación de como vivía en el Bronx, era mejor antes o ahora?

“Mi vida ahora es mucho más tranquila, pues yo antes también vivía así en una chatarra, pero vivía con el miedo constante de que si no estaba pendiente de lo que me tocaba hacer me mataban. Ahora no, ahora mis preocupaciones son de pronto no conseguir que hacer para que me suelten algún billetico, pero gracias a Dios cada día encuentro a quien ayudar, aunque sea en lo más mínimo” - Relata Antonio con una sonrisa que deja al descubierto la ausencia de sus dientes “Acá en la cuadra ya me conocen, entonces me ponen algún camello en el día”

 

En medio del murmullo de la entrevista, la voz de Antonio se interrumpe con el resonar metálico de la grisácea camioneta chatarra. El ambiente se impregna de curiosidad cuando una voz, como un susurro en el viento, indaga por él.

- ¿Quiere ganarse 5 mil pesitos? 

- Ahorita ando ocupado, pero deme 15 minutos  

- Bueno, pero rápido que de pronto en 15 ya no lo necesito 

“Pareciera que me hubiese escuchado” - Dice seguido de soltar una risa contagiosa 

- Cuénteme ¿Cómo es un día habitual de su vida?

“Yo suelo levantarme siempre a esta hora entre las 9:30 – 10:00 de la mañana, porque también como esto es pura zona de talleres de carros, a mediodía es el momento donde más camello sale, entonces por eso duermo hasta esta hora. Luego saco esa bolsa negra que vieron y como un poquito de lo que hay ahí, que es calentado de arvejas y más cosas. Cuando puedo y están por ahí les suelo tirar un poquito a los perros” 

- ¿Son suyos? 

“No, esos se la pasan por acá por la cuadra, como yo” - Vuelve a dejar ver su sincera pero ausente sonrisa “Acá todo el mundo les da de comer y los cuidan”

Foto: Sofía Téllez
Foto: Sofía Téllez

- ¿Qué más suele hacer en el día?

“Ah si, pues ya me levanto y empiezo a buscar que hacer, me paso por estos talleres de acá” -Dice mientras señala los alrededores- “y pregunto si necesitan algo, normalmente suelo ayudarles a cargar repuestos de un lado a otro, o a buscarlos. Y los patrones ahí me sueltan entre 5 mil y 10 mil pesos, con eso voy y me tomo alguna sopa o algo para aguantar el resto del día” 
 

- ¿Dónde se baña? 
 

“Me baño por las noches, un patrón me presta el baño porque como muevo repuestos y meto mano a los carros, pues quedo negro de la mugre, pero no me baño en una ducha, sino en un lavamanos. Me lavo lo necesario para al menos no oler mal”

​"Después de recorrer durante 28 extensos años por la reconocida calle de la "L", su espíritu ha hallado un sendero inesperado"

- ¿Cómo terminó viviendo en esta camioneta?
 

“Pues como pueden ver esto está lleno de latas de carros, y varias de estas latas los mecánicos ya no las usan o no las necesitan, de hecho, por las noches también suelo cuidar que de pronto no se lleven alguna lata, porque como no caben en los talleres, se dejan ahí afuera. Pero entonces yo un día vi este pedazo de camioneta y le pregunté al patrón si la necesitaba para algo, me dijo que para que la quería y pues le dije que era para hacerme un cambuche, me dijo cójala con confianza, y entre varios me ayudaron a levantarla y a acomodarla bien, ya fui consiguiendo cartones y bolsas para que no se le entrara el agua si llovía y cosas así. No es lo mejor, pero tengo donde dormir y donde estar en caso de que llueva o lo que sea”
 

Él es Antonio, un hombre de 60 años que reside en la penumbra de una camioneta chatarra. Después de recorrer durante 28 extensos años por la reconocida calle de la "L", su espíritu ha hallado un sendero inesperado, una senda que conduce hacia la luz tras tanto tiempo en la oscuridad.

©2023 por Revista Bronx: Un septenio de memorias.

Creado con Wix.com

Las opiniones aquí expresadas por los autores no representan la visión o la ideología de la Universidad Externado de Colombia. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.

bottom of page