

Más de
150mil personas
han caminado
conmigo
Autora: Maria Fernanda Rojas Garzón
“He desarrollado 1.100 caminatas nocturnas y casi 900 y pico de caminatas diurnas; más de 150.000 personas han caminado la ciudad conmigo de día y noche. Este es un ejercicio de reconocimiento y compenetración con Bogotá,” dice Hernando Gómez Serrano.
Foto: Salvador Benavides
El centro de Bogotá es un lugar muy diverso e icónico. Tiene muchas zonas turísticas, pero también peligrosas. En estas últimas estuvo El Bronx, zona de alta criminalidad, tráfico de drogas y otras situaciones de alto riesgo. Algunas personas como Hernando recorrieron este sector por aproximadamente 20 años.
Hernando Gómez Serrano, hombre de la esfera política y pública, relata sus vivencias de cuando hacía recorridos por el Bronx hasta el momento de su desmantelamiento. Él es funcionario público que ha ejercido cargos importantes para luchar contra estas situaciones como Defensor de los Derechos Humanos, presidente de la Liga Internacional por los Derechos y la Liberación de los Pueblos, Alcalde de Chapinero en dos ocasiones, Secretario de Desarrollo Económico de la ciudad y Director del Observatorio de Cultura de Bogotá. De ahí la cantidad de caminatas y gente conocida.
¿Cómo y con quién hacían los recorridos?
Esos recorridos, inicialmente, los hacía solo. Después, se unieron más personas a estas caminatas. Se inscribían o me llamaban estudiantes universitarios, algunas embajadas europeas que estaban interesadas en el centro de Bogotá y las Brigadas Internacionales de Paz. Las caminatas podían durar entre 8, 12 o hasta 20 horas. Además, había caminatas intensivas que duraban hasta 3 días.
¿Por qué le pusieron el apodo “el territorio del miedo”?
Durante nuestros recorridos, El Bronx era conocido como uno de los territorios del miedo. Personalmente, este nombre me parecía ofensivo, pero llamaba la atención de las personas a participar en las caminatas. Los ajenos al lugar lo llamaban así debido al miedo que producía entrar allí. Sin embargo, a medida que empecé a explorar la zona, esa sensación de miedo disminuyó. Con el tiempo, me sentí más tranquilo mientras caminaba.
Siempre he creído que todos sentimos temor hacia lo desconocido. En el caso de este lugar, enfrentarme a nuevas experiencias me inquietaba, ya que no lo conocía. A pesar de ello, mi interés era adentrarme en ese lugar; aunque reconocía la importancia de aprender a leer las claves de la noche, hay que saber cuándo es prudente entrar o no a un territorio.
¿Llegó a presenciar algo impactante mientras hacían estos recorridos?
Un día estábamos haciendo una caminata con un grupo de 20 personas, todos ellos eran de las Brigadas Internacionales de Paz. En el momento que íbamos a pasar cerca de la zona, muchos de ellos se interesaron y quisieron entrar. Miré a ver si era prudente entrar esa noche y, a medida que nos acercábamos al lugar, me acuerdo mucho, se acercó un habitante de calle, el cual parecía drogado y me dijo: “uy ñero, que hacen aquí”. Empezó a hablar así y además se limpió los mocos en la camiseta de uno de los europeos, quien quedó muy asustado. De pronto hizo una pequeña pausa, se acercó más a mí, me puso la cara de él casi pegada a la mía y me dijo claramente: “esta noche no entre, esta noche no entre”. No recuerdo cuándo conocí a esa persona, pero su advertencia fue clara. No sé por qué me dijo eso, pero no quería averiguarlo.
Un dato importante: en estas zonas y aún en la actualidad, muchos habitantes de calle se conocen entre ellos como “ñeritos”, un término que denota a alguien como el compañero de toda vida. Se cuidan mutuamente y entre ellos existen redes de solidaridad muy fuertes. Incluso existían redes criminales, grupos encargados de tener dominado todo el negocio de la droga, así como de su alimentación.
"Las caminatas podían durar entre 8, 12 o hasta 20 horas. Además, había caminatas intensivas que duraban hasta 3 días"
¿Qué sabía sobre los grupos criminales que estaban en el lugar?
Sí, sabía algo sobre grupos organizados. Estaban implicados en actividades criminales bajo el pretexto de realizar “la limpieza social” del sector. Estos grupos eran apoyados por algunos comerciantes del sector y por el respaldo de algunos miembros de la fuerza pública, lo que representaba una grave irresponsabilidad del estado.
¿Qué otras situaciones presenciaron?
Durante los desalojos de la zona en el primer gobierno de Enrique Peñalosa, presencié un suceso impactante. Cuando las Fuerzas Disponibles llegaron para llevar a cabo los desalojos, comenzaron a rodear y empujar a la gente. En ese momento, vi a un habitante de calle, un hombre que uno no puede identificarle la edad, porque muchos de ellos parecen de 60, 70 hasta 80 años, cuando en realidad tienen 35 o 40 años. Son personas que viven en la calle, además la droga y la desnutrición, los tiene físicamente acabados. Esa persona ya la conocía desde antes, se la pasaba por ahí, metiendo droga, pegante o Chamberlain, como ellos lo llamaban. Lo que se sabía de él, es que había sido atropellado por un carro y se fracturó el tobillo.
En el momento del desmantelamiento, caminaba arrastrando el pie de la fractura, mientras intentaba llevar un bulto lleno de cosas en su hombro. Estaba con un niño que le decía “ñerito”. Posiblemente, cuando la policía entró al lugar, el hombre estaba bajo los efectos de la droga y entró en desespero al ver que no podía proteger a su compañero. Yo observé la escena y me conmovió la angustia que mostraba.





¿Cuál es su perspectiva acerca de “La L”?
Bueno, hay una cosa que es bastante preocupante y hay que decirla. Siempre he afirmado que quizás una de las masacres más grandes que se ha dado en Colombia, y no se ha reconocido, es precisamente la limpieza social que hacían los grupos criminales del Bronx. Yo denuncié estas masacres en su debido momento, y puedo afirmar que lamentablemente las autoridades pertinentes nunca hicieron nada. Por desgracia, este tipo de personas son vistas por la sociedad, como “desechables” o “indigentes”, que terminan siendo consideradas un residuo indeseable de la ciudad.
Esos fueron genocidios, la terminología jurídica dice que cuando hay una acción criminal de exterminio de más de 4 o 5 personas ya se habla de una masacre y cuando hay una acción criminal o sistemática contra un grupo homogéneo de personas, bien sea por su raza, género, condición económica o social, se está hablando de un genocidio. Esa es una de las masacres y genocidios más grandes que ha tenido este país. Murieron aproximadamente entre 2.500 a 3.000 personas o más en 30 años.
Hernando es una persona que ha dedicado su vida por la ciudad y al bienestar de las personas que han sufrido tanta violencia. Antes de terminar la entrevista, dijo: “No resaltar los pasajes de violencia y dolor en un relato sobre lugares como “La L” es imposible, pero también es importante reconocer la extraordinaria fortaleza y humanidad de quienes vivieron allí. Destacar la resistencia y la lucha por preservar la esencia humana de quienes enfrentaron esas circunstancias”.
Según lo anterior, se evidencia una cruda realidad donde el ser humano es degradado física, moral, mental y socialmente. A pesar de esto, algunos habitantes sentían que era su hogar y tenían familia. Este sitio muestra la falta de interés social y del estado, lo que dio origen a la calle conocida como “la L”.
En el contexto del Bronx, dos frases simbolizan el lugar profundamente: “Del Bronx se habla mucho, pero solo quien lo vive entiende su verdadera fuerza y resiliencia”. “El Bronx puede tener cicatrices, pero son estas heridas las que demuestran su capacidad para sanar y renacer”.