

Huella solidaria en el Bronx
Autora: Maria Fernanda Rojas Garzón
Autora: Karol Natalia Rozo Cárdenas
Foto tomada de: @Chocopan por una sonrisa
Amanda demuestra la dificultad de presenciar todas las situaciones vividas en ese lugar, pero también resalta lo positivo de brindar donaciones a las personas necesitadas. A menudo, ellos hacían estas acciones, sacando dinero de su propio bolsillo, ya que el estado no les ofrecía ayuda.
Amanda Castañeda, líder de la fundación “Somos Manos Solidarias”. Lleva 12 años promoviendo el bienestar y la felicidad de las personas vulnerables. Su labor se enfoca en mejorar la calidad de vida y combatir el hambre en la localidad Los Mártires.
Durante su labor en la fundación “Chocopan por una Sonrisa”, Amanda se dedicaba a ayudar a los habitantes del Bronx y sus alrededores. Ella trabajaba para mejorar las condiciones de vida de estas personas, ofreciéndoles un rayo de esperanza en medio de las dificultades.
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¿Cómo fue su primera experiencia en El Bronx y cuál era su objetivo?
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Cuando visitamos el lugar por primera vez, nos preocupaba principalmente la reacción de las personas que vivían allí y si nos dejarían entrar. Sin embargo, esto fue imposible porque quienes controlaban la zona nos lo impidieron, y los habitantes tuvieron que salir para recibir nuestras donaciones. Además, nos inquietaba si lo que habíamos preparado sería de su agrado, ya que lo hicimos con todo nuestro cariño. Sin embargo, lo más importante para nosotros era realizar un acto de bondad, mostrarles que había personas dispuestas a ayudarlos con lo que necesitaran o desearan.
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¿Qué donaciones realizaban para ayudar a los habitantes?
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Llevábamos chocolate, pan y ropa para los habitantes del Bronx. También juguetes para los niños. Cada donación, por pequeña que fuera, la hicimos con el corazón, con el objetivo de ayudarlos en lo que estuviera a nuestro alcance y poder ver en sus rostros la felicidad que tanto merecen.
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¿Cómo conseguían recursos o apoyos para las donaciones?
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Debido a que éramos una fundación sin ánimo de lucro, dependíamos de la generosidad de personas naturales, grupos familiares, amigos y aliados comprometidos con nuestra causa. Estas personas, junto con otras asociaciones, eran nuestro soporte en cuanto a donaciones de alimentos como pan, leche y otros productos necesarios para los habitantes del sector. Su apoyo constante y solidario no solo nos permitía seguir adelante, también nos ayudaba a brindar asistencia vital a quienes más lo requerían.
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¿Qué fue lo más difícil de presenciar en el lugar?
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Lo que más me impactó fue observar el cambio tan rápido y drástico de algunas personas por las drogas. Por ejemplo, recuerdo un chico que conocí apenas entró al lugar, y en ese momento no parecía estar mal físicamente. Sin embargo, después de una semana, el chico tenía la ropa desgastada, estaba sucio, tenía la cara muy pálida y un aspecto más decaído. En tan solo 15 días ya estaba perdido en la droga, ya no tenía solamente desgaste físico sino también mental.
Otro caso muy impactante era cuando se acababan los alimentos. Algunos chicos, al estar bajo los efectos de las drogas, aprovechaban para causar problemas entre los habitantes. En estas situaciones, los hombres líderes intervenían para garantizar nuestra seguridad, imponiendo respeto y facilitando nuestra retirada en nuestros carros para alejarnos del lugar.

¿Por qué decidiste trabajar en la fundación?
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Yo llegué a conocer esta labor por medio de mi hija, quien junto a sus amigas universitarias decidieron apoyar la fundación “Chocopan por una sonrisa”. Un día acompañé a mi hija al lugar y quedé profundamente enamorada e impresionada de esta labor, especialmente por la calidad humana que observé en los habitantes de calle. Estas personas, a pesar de las circunstancias, siempre muestran gratitud sincera hacia cualquier gesto de cariño o apoyo que se les brinde, especialmente los niños, ellos recibían un pan con chocolate y de inmediato sonreían. Aunque mi hija y sus amigas no pudieron continuar debido a compromisos laborales y responsabilidades familiares, yo encontré una profunda felicidad al seguir compartiendo tiempo con los habitantes de calle. El contacto directo con ellos me ha enseñado mucho sobre la fuerza del espíritu humano y me ha permitido experimentar la gratificación de poder ofrecerles ayuda y compañía.
Amanda demuestra la dificultad de presenciar todas las situaciones vividas en ese lugar, pero también resalta lo positivo de brindar donaciones a las personas necesitadas. A menudo, ellos hacían estas acciones, sacando dinero de su propio bolsillo, ya que el estado no les ofrecía ayuda.
El impacto de esta fundación y muchas otras que llevan a cabo acciones similares en estas personas ha ido más allá del simple acto de ser solidario y generoso; ha dejado una huella en cada una de ellas. La perspectiva que ha adquirido esta mujer tras años de trabajo con estas personas enseña que, aunque las dificultades sean grandes, el apoyo y la compasión pueden marcar la diferencia en la vida de quienes más lo necesitan.
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